Duelo y renacimiento
Acto I: Miedo
Si me escuchas, no es mi voz la que habla.
Es el miedo.
Si me entiendes,
es por la conmoción
de mis versos.
Es esta realidad,
la que llamo invierno,
que me enfría
cada gramo de mi cuerpo.
-¿A quién quiero engañar?-
todo ha sido un sueño
en medio del insomnio.
Pero la realidad
es que me sigo engañando.
Nos hemos roto.
No hay pieza que encaje
en este rompecabezas
que son nuestras almas,
ya lo sabes.
Que siempre soy yo
la que se provoca la nostalgia,
como cuando mis dedos
crean la náusea.
Ahora tu recuerdo
es una sombra
que alimenta la luz
en mi día a día,
y el grito de mi mente
solo me ayuda a olvidarte
por un instante.
Ahora me miro en mi espejo,
que es mi alma,
mi ventana hacia el universo,
ese que me impulsa al dolor
cuando no me encuentro.
Vaya,
ya se ha hecho de noche,
y el vacío de este cuarto
me desgarra las entrañas.
Quiero que sepas,
que me sigo diciendo que la soledad
es un verso descubierto.
Y aunque me ame con todo mi cuerpo,
hay partes del alma
que solo puede acariciar otro ser.
y yo sola no alcanzo.



Que sentimientos tan reconocidos en mi, yo también estuve naufragando esos lugares y que necesario es encontrar a la persona o personas indicadas para llegar a dar luz en esos lugares que no llegamos. Yo en eso adquiero una gran responsabilidad conmigo, pues no me vale que le den luz para depender de ello constantemente, aprendo de mis sombras cuando las veo y las permito habitar siendo ya tan solo testigo de no llevarlas de nuevo a su oscuridad.